Cefalea pedriática por la visión

cefala pediatrica

La cefalea pediátrica es frecuente en la infancia y más aun en la adolescencia. De ahí la importancia del conocimiento de las manifestaciones clínicas que participan en esta dolencia.

La cefalea pediátrica relacionada con el ojo o con la visión es la más importante en la práctica del óptico-optometrista, por que en muchos casos es el primer profesional que se enfrenta al problema. Los errores refractivos no corregidos o aquellos en los que no se ha hecho satisfactoriamente suele ser la causa principal, aunque en muchos casos depende simplemente de la forma de vida del paciente.

No son pocos los casos de cefaleas provocados por el uso de ordenadores o por un ambiente poco ergonómico. Por ello se debería formentar las recomendaciones de higiene visual.

La importancia del conocimiento de las clases de cefalea pediátrica adquiere notoriedad cuando entre las posibles causas se encuentra la orgánica, sobre todo si el fenómeno más frecuente de la causa orgánica es el tumor cerebral. El estudio neurológico en los primeros cuatro meses post-aparición es muy importante.

Cefalea pediátrica: Tipos

La migraña y la cefalea tensional son las más comunes. Cabe destacar la migraña con aura que se manifiesta con visión en forma de aura. Desapareciendo cuando comienza.

La cefalea en la infancia es una situación muy común de consulta. Los ópticos-optometristas deben disponer de unos conocimientos básicos y realizar una exhaustiva anamnesis para hacer una aproximación a la causa de la cefalea y, por tanto actuar en consecuencia.

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Una acertada derivación al especialista o la resolución del problema si la causa es competencia propia, servirá a la plusvalía profesional.

El sistema ocular tiene mucho que ver con las mayorías de las migrañas.

El dolor de cabeza es la principal causa de consulta a nivel neurológico en pequeños y adolescentes. En los últimos 30 años se ha podido objetivar un incremento en su incidencia. La frecuencia de la cefalea generalmente aumenta con la edad, alcanzando un pico de prevalencia a los once-trece años en los dos sexos.

El mejor término para describir la fisiología de la jaqueca podría ser «neurovascular», insinuando una teoría integradora, donde se incluiría tanto el componente vascular como el neuronal. La señal dolorosa activa el sistema trigéminovascular. Las arterias durales se encargan de transportar la señal hasta el ganglio trigeminal y desde allí estimulan a las neuronas de segundo orden localizadas en el complejo trigéminocervical. Por su parte, estas neuronas se proyectan a través del tracto trigémino-talámico y, después de decusarse en el tronco del encéfalo, forman sinapsis con neuronas del tálamo. Asimismo se establece una conexión entre neuronas de la protuberancia y neuronas del núcleo salivatorio superior, lo que acarrea una descarga parasimpática. Estudios de neuroimagen indican que una parte esencial de la modulación del sistema trigémino-vascular proviene de los núcleos del rafe (dorsal y magno) y del locus coeruleus.

La clasificación más empleada es la elaborada por la International Headache Society (IHS) dos mil cuatro, que diferencia cefaleas primarias y secundarias.

El dolor de cabeza primaria es aquella que no se halla asociada a alguna causa subyacente (p. ej., jaqueca, cefalea tensional, dolores de cabeza trigémino-autonómicas). En las cefaleas secundarias, la dolor de cabeza es el síntoma de una alteración identificable a nivel estructural, metabólico, vascular, etc.

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Una vez excluidas las causas secundarias de dolor de cabeza, es recomendable dividir a las cefaleas primarias en episódicas o bien crónicas (más de 15 días al mes a lo largo de tres meses).

La migraña sin aura representa más del sesenta por cien de las formas de jaqueca en la edad pediátrica. Su incidencia aumenta con la edad, llegando a cifras de un 6 por cien en varones y quince por ciento en mujeres en la adolescencia (doce-17 años).

La mayor prevalencia en el sexo femenino se hace evidente tras la menarquia (ratio mujer: varón de 3:1).

Hay que tomar en consideración las diferencias clínicas en comparación con adulto: menor duración y por norma general también menor intensidad, menor frecuencia de capítulos, localización bilateral del dolor, no tienen un predominio horario tan claro y muy frecuentemente se acompañan de somnolencia (antes, a lo largo de o después del episodio).

La cefalea tensional es, junto con la jaqueca, el género de cefalea más frecuente en el pequeño. Su prevalencia asimismo aumenta con la edad.

La mayoría de los estudios epidemiológicos recientes reportan que es la cefalea más frecuente en pequeños de 8-doce años.

Si bien existen diferencias claras entre la jaqueca y la cefalea tensional, a veces puede ser difícil diferenciarlas puesto que ciertos síntomas se superponen.

Las causas más usuales de cefaleas pediátricas secundarias o bien orgánicas son:

Hidrocefalia y tumores.
– Traumatismos.
– Infecciones.
– Tóxicos.
– Trastornos vasculares.
– Enfermedades sistémicas.
– Trastornos metabólicos y también hipoxia.
– Malformaciones craneales.
– Trastornos epilépticos.
– Defectos de refracción.

El mayor reto del médico a nivel diagnóstico es identificar el proceso. Es primordial la realización de un examen físico detallado y una exploración neurológica completa que incluya un examen de fondo de ojo.

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En la mayoría de los pacientes con cefaleas primarias, las exploraciones física y neurológica son normales, y no es preciso efectuar exámenes complementarios, salvo en casos escogidos o bien dudas diagnósticas.

El tratamiento se empieza educando a la familia y paciente sobre el trastorno. Ha de ser personalizado y tener en cuenta la existencia de factores predisponente como los psicológicos (en un elevado porcentaje), alimenticios, alteraciones en el patrón de sueño o ciertos medicamentos.

El ibuprofeno, el paracetamol y el naproxeno son calmantes frecuentes de primera elección. Si la respuesta es insuficiente, proponerse el uso de sumatriptán en pequeños mayores de doce años.

La farmacoprofilaxis se reserva para los casos refractarios de cefalea pediátrica. Existen múltiples opciones. Debe iniciarse en monoterapia y sostener durante tres meses para valorar respuesta.