Miopatía restrictiva miópica
hace 11 meses · Actualizado hace 11 meses

Miopatía restrictiva miópica es una alteración de la motilidad ocular externa. Se debe a las alteraciones anatómicas oculares por la miopía magna.
Aparece de manera insidiosa, sin existir en la infancia. La desviación aumenta de forma progresiva. Es frecuente que sea bilateral aunque asimétrica.
Hay una mayor frecuencia de trastornos motores horizontales. Del 11 al 47%, fundamentalmente endotropias. Los verticales son del 0 al 19%.
En ocasiones, la endotropia es tan pronunciada. Una parte importante de la córnea está oculta en el canto interno. Esto conduce a tortícolis.
Miopatía restrictiva miópica: Origen
La patogenia de la miopatía restrictiva miópica es incierta. Paresia del VI par, cambios estructurales en los músculos oculomotores, contacto entre el globo y los huesos del vértice de la órbita…
El factor determinante puede ser la comprensión del recto lateral entre el globo y la órbita. Un debilitamiento progresivo del músculo y un aumento de la contractura y fibrosis del recto medio.
Existen varias circunstancias que pueden influir. Un globo ocular grande y dimensiones orbitarias reducidas crean un conflicto de espacio.
La atrofia de tejidos blandos orbitarios asociada a la edad disminuye el efecto protector sobre el músculo.
El tratamiento de la miopatía es decepcionante. Se necesitan resecciones extremas del recto externo y tenotomías libres del recto interno. No son efectivas en muchos casos.
La palabra “miopatía” proviene de los términos griegos mys, que significa músculo, y pathos, sufrimiento. En su sentido más amplio, designa cualquier proceso patológico cuyo blanco principal son las fibras musculares estriadas.
Imaginemos el músculo esquelético como un tejido formado por millones de células largas y multinucleadas. Cada una contiene un entramado de proteínas contráctiles que se deslizan unas sobre otras para generar fuerza. En la miopatía, algo en esas fibras deja de funcionar correctamente.
Se degeneran, se inflaman, carecen de algún componente esencial, o filtran iones de manera anómala. Como consecuencia, el músculo pierde potencia, se fatiga con facilidad o se vuelve doloroso.
Imaginemos a un niño que a los tres años ya camina con dificultad. Arrastra los pies y “rebotando” al ponerse en pie. O a un adulto joven que, tras una gripe, comienza a notar debilidad progresiva en los hombros. Hasta el punto de no poder peinarse.
Bajo esa apariencia diversa, subyace un mismo proceso. La fibra muscular ya no es capaz de mantener su integridad y su capacidad de contracción ante el estímulo neurológico.
Las miopatías se dividen en dos categorías principales: hereditarias y adquiridas. Las hereditarias se deben a un defecto genético. Por ejemplo, la distrofia muscular de Duchenne ocurre por la falta de distrofina.
Esta falta hace que las fibras musculares se dañen con cada contracción. Con el tiempo, las fibras mueren y son reemplazadas por tejido conectivo. Los niños afectados tienen dificultades para caminar y necesitan usar silla de ruedas.
Las miopatías hereditarias pueden ser menos graves. Las distrofias de Becker y las miotonías congénitas son ejemplos. En estas, la falta de una proteína o un defecto en los canales iónicos hace que los músculos se queden rígidos.
Las miopatías adquiridas, por otro lado, se deben a causas externas o autoinmunes. La miopatía inflamatoria es un ejemplo. Aquí, el sistema inmunitario ataca el músculo.
La polimiositis y la dermatomiositis también son miopatías adquiridas. Se caracterizan por debilidad muscular y enzimas elevadas. El tratamiento incluye fármacos inmunosupresores.
Hay miopatías metabólicas, como la McArdle y la Pompe. En McArdle, la falta de una enzima causa fatiga muscular. Pero, el cuerpo puede seguir trabajando gracias a los ácidos grasos.
En Pompe, una enzima falla y el glucógeno se acumula. Esto daña las fibras musculares. Hoy, se puede tratar con enzimas de reemplazo.
El músculo también puede dañarse por fármacos, traumatismos o desequilibrios electrolíticos. Por ejemplo, las estatinas pueden causar rabdomiólisis. Los desequilibrios electrolíticos también afectan la excitabilidad muscular.
El cuadro clínico de una miopatía incluye debilidad muscular en las extremidades superiores. Esto ocurre sin afectar mucho las sensaciones ni los reflejos. Sin embargo, en casos graves, la pérdida de fibra muscular puede cambiar esto.
El dolor y la rigidez pueden ser síntomas de ciertas miopatías. Pero no son comunes en todas. Para diagnosticar, se hace una historia clínica sólida y un examen neurológico detallado. También se utilizan pruebas adicionales.
Enzimas séricas: la CK está alta en muchas miopatías.
Electromiografía: muestra daño muscular.
Biopsia muscular: revela cambios estructurales y permite análisis genético.
Estudios genéticos: identifican mutaciones específicas.
El tratamiento depende de la causa:
Genéticas irreversibles se tratan con fisioterapia y terapias avanzadas.
Inflamatorias necesitan inmunosupresión y rehabilitación.
Metabólicas se benefician de dietas y terapias enzimáticas.
Tóxicas o farmacológicas mejoran al retirar la sustancia causal.
Un enfoque multidisciplinario es clave. Involucra a neurología, rehabilitación, cardiología y genética. Esto mejora la calidad de vida y previene complicaciones. Gracias a la terapia génica y la farmacología de precisión, hay esperanza para muchas miopatías.
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